Nuria

Nuria

Mi nombre es Nuria y la Hipertensión Pulmonar apareció en mi vida a través de mi madre. Hace ya muchos años le diagnosticaron una fibrosis pulmonar idiopática, que, para todos aquellos que no nos dedicamos a esto de la sanidad, significa que nadie sabe de dónde viene, ni por qué aparece. Nunca tuvo malos hábitos. Es de esas personas que se cuidan en todo. Con ella convivió muy bien, pero, de repente, empezó a empeorar a pasos agigantados. Le tocó convivir con un sin fin de diagnósticos variopintos hasta que, por fin, alguien encontró la hipertensión. Ahí estaba, silenciosamente se había camuflado tras su enfermedad primaria que, a su vez, la había hecho nacer.

 

El problema era que tardó tanto en diagnosticarse que, a los pocos meses de confirmar su presencia a través de un cateterismo pulmonar, y cuando empezaba a tratarse con los fármacos específicos de la enfermedad, un trombo pulmonar a consecuencia de la hipertensión, le reveló la verdadera realidad. De esperar una mejora porque por fin conocía lo que le ocurría y, vaya suerte, había tratamiento, pasó a asumir que tenía que convivir con una bala de óxido nítrico de 5 l  que le llega casi hasta la cintura y una mochila de oxígeno que sólo puede mover, en conjunto, gracias a un carrito. Lleva unas gafas nasales de doble entrada que asombran a todo el personal sanitario y muchos la miran como si fuera una extraterrestre. A todo eso le sumamos un extenso tratamiento farmacológico y una máquina para dormir. Hay que ver, lo importante que es el factor tiempo en estos casos. ¡Qué pena que la hipertensión sea conocida por tan pocos!. Ni siquiera muchos neumólogos se la plantearon cómo posibilidad.

Muchos pensarían al leer esto que es una paciente muy “poco rentable”, pero, simplemente es una persona que, pese a su aparatosa situación, QUIERE VIVIR. No tiene la culpa de estar afectada por una de esas llamadas enfermedades raras, ni de que no sea rentable investigar  para facilitarles la vida con tratamientos con los que no tengan que mirarles como “bichos raros”. Se enfrenta diariamente a todo eso y a más. Se sobrepone ante cualquier empeoramiento y sigue y sigue luchando contra la enfermedad.

Paradójicamente es una afortunada, no sólo por su supervivencia ante todas las adversidades que le han ido tocando, sino porque, por azar, vive en un lugar que le permite seguir aquí ya que su tratamiento sólo se aplica en unos pocos hospitales.

Así que sigue luchando, porque ella lo quiere, porque la vida le sigue dando muchos motivos para querer estar y superar las barreras físicas y psíquicas del día a día. Espero que aguante mucho, con ganas y con su incansable buen humor. Todos estamos aprendiendo, gracias a ella, lo maravilloso que es vivir y sólo espero que estos tiempos revueltos que corren no cambien nada de esto. Por encima de la economía, por encima de los recortes, por encima de las primas de riesgo, por encima de todo eso debe quedar nuestra esencia. Somos personas con ganas de que nos dejen vivir, no debemos permitir que nos “recorten nuestros sueños”.  

Animo a todos los que tropiecen con esta enfermedad a luchar con ganas y a no perder la esperanza en ningún momento.

 “Si supiera que el mundo se acaba mañana, yo, hoy todavía, plantaría un árbol”

 

Martin Luther King